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Crítica: “Crazy, Stupid, Love”

Glenn Ficarra y John Requa vuelven a la carga después de la divertidísima e infravalorada “I love you, Phillip Morris” (la mejor película de Jim Carrey después de “El show de Truman”) y lo hacen con “Crazy, Stupid, Love”, una comedia romántica con alma indie y un reparto espectacular.

Podríamos empezar con Steve Carrell que esta vez interpreta a un personaje bastante más “Michael Scott” de lo que podíamos pensar, con ese aspecto desamparado y esa ternura que te roba una carcajada a la mínima oportunidad, con cualquier frase fuera de lugar o cualquier gesto de esos tiene perfectamente estudiados. Se le echa de menos en “The office” y más después de ver esta película. Ryan Gosling ha pasado por el gimnasio para transformarse en un nuevo chulito folla-pavas y aunque de cuerpo está todo lo tremendo que querais, su cara sigue siendo la de un geek de instituto, más acorde con el papel que hacía en la genial “Lars”.  No se puede tener todo… En esta película es el co-protagonista y sí, su personaje chirría un poco por sus motivaciones a la hora de ayudar a Carrell pero es necesario para agilizar la trama y también consigue algunos momentos divertidos.

Emma Stone, la nueva novia de Hollywood y futura ganadora del Oscar (este año cae nominación por “Criadas y Señoras”. Está claro) desprende carisma, creo que nunca me cansaré de verla en pantalla. Tiene ese algo que hace que un actor se convierta en una verdadera estrella más pronto que tarde, ese factor X que tienen muy poquitos (otro ejemplo: Michael Fassbender).

Y algo más secundarios pero igualmente destacables: Julianne Moore, que no aporta grandes gags pero sí que hace de colchón para que el resto del reparto se luzca demostrando una vez más lo buena actriz que es y Kevin Bacon y Marisa Tomei cuyas apariciones son cortas pero muy divertidas.

Pese a todo “Crazy, Stupid, Love” no deja de ser un drama independiente disfrazado de comedia comercial. Su reparto hace que gane bastantes enteros así como un guión inteligente que subsana algunos momentos en los que el montaje comienza a resultar tedioso. Afortunadamente son pocos y siempre hay por ahí alguna escena que anima el asunto.

Conclusión: En general es una película entretenida, divertida y recomendable. Con sus pros y sus contras, es una propuesta por encima de la media, lo que tampoco es decir mucho, porque estas últimas semanas la cartelera es un desastre.

Nota: 6,8

Lars y una chica de verdad

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Sin ánimo de parecer un gafapasta después de la crítica de “Déjame entrar”, voy a comentar “Lars y una chica de verdad”. Tuve oportunidad de verla el pasado fín de semana.

Una mañana Karin (Emily Mortimer) invita  a desayunar a su vecino y cuñado Lars. Con una simple conversación apreciamos la dificultad que éste tiene para comunicarse y relacionarse con los demás. Karin y su marido están muy preocupados por él. Cuando una noche Lars interrumpe en su casa para anunciarles que tiene visita, lo último que espera la pareja es que la chica en cuestión sea una muñeca comprada por internet. Tras consultar con una psicóloga deciden seguirle la corriente y hacer como que Bianca es una mujer de verdad, inválida y enamorada de Lars. Pronto el pueblo admitirá a Bianca en sus vidas con el fín de ayudar a su traumado vecino. No obstante todo cambia cuando Lars conoce a su nueva compañera de trabajo. Ésta es la curiosa trama de una película que en más de una ocasión consigue sacarnos una sonrisa y sobretodo nos une desde el principio al pobre Lars y su aventura con su chica real. 

Esta película sin Ryan Gosling sería una película patética donde un desquiciado pasea a una muñeca, nada más que eso. Gosling da vida al personaje principal de una forma increíble, se transforma en alguien casi autista, muy muy tierno y tímido, carismático. Cambia su modo de andar, su modo de mirar, tiene tics… Su interpretación es, en definitiva, excepcional.

Con la base de un buen personaje principal, a una película le hace falta un buen guión para poder funcionar y “Lars y una chica de verdad” lo tiene. De hecho bien hubiera merecido una nominación al Oscar.

El ritmo aunque lento, es muy uniforme y nunca llega a hacer la película pesada. Siempre hay algo interesante en la forma que Lars tiene de comportarse, de su temor a la soledad que le lleva a dar vida a Bianca. Es emocionante ver las consecuencias que puede tener la necesidad de compañía y cariño en alguien necesitado de ello y que, por su carácter, no cree poder conseguir.

Conclusión:  “Lars y una chica de verdad” es una buena comedia, muy emotiva, con un planteamiento novedoso al que sabe sacar partido y lo que es mejor: sabe finalizar la trama de forma consecuente, como debe acabar una buena historia.