Crítica: En tiempo de brujas

 

A estas alturas de la película (nunca mejor dicho) ya sabemos de qué pie cojea Nicolas Cage desde hace varios años. Las deudas que tiene deben ser astronómicas para que el actor trabaje sin descanso en proyectos que en ocasiones no tienen una calidad minimamente aceptable.

“En tiempo de brujas” está dirigida por Dominic Sena y ha contado con 40 millones de presupuesto. Le ha salvado la recaudación internacional (51 millones) porque en USA no ha superado los 25, un fracaso en toda regla. Y en parte tiene razones para serlo.

Lo primero que chirría es el guion. La película deja de funcionar en cuanto empiezas a plantearte las típicas preguntas “¿Y porque no…?” que todos nos hacemos en algún momento y que un buen guion debería poder contestar sin problemas. Aquí todo está cogido por los pelos y es una pena porque si se hubieran centrado exclusivamente en tema del título de la película (no quiero spoilear demasiado) todo hubiera sido mucho más interesante, más verosímil y menos complicado.

Los efectos especiales no están mal (excepto quizá algún fondo que canta bastante) y aunque tarda un poco en arrancar, la película se pasa rápido, con alguna setpiece bastante simpática pero en general nada del otro mundo. Igual que los actores, de los que otro director seguro que hubiera podido sacar mucho más. Por cierto, hay que ver lo que le rejuvenece a Cage una buena peluca que le tape las entradas. Nadie diría que tiene casi 50 tacos…

Conclusión: “En tiempo de brujas” es en realidad una película para ver en DVD. Quizá el gasto de una entrada de cine le viene un poco grande para lo que tiene que ofrecer. Los agujeros en la historia carecen de importancia si tenemos en cuenta el tipo de película que es pero está claro que muchos se llevarán las manos a la cabeza horrorizados. Y sí, está construida sobre tópicos vistos una y otra vez pero bueno, el producto en sí entretiene que a veces es lo más importante… Y Nicolas Cage mola un montón 😀

Rincón de Lectura: “Déjame entrar” – John Ajvide Lindqvist

A mí, al contrario que a la mayoría, a veces me gusta leerme “el libro” después de ver “la película”. Siempre que sea ésta la que esté adaptada del libro y no al revés, eso sí. No es algo que busque premeditadamente pero me gusta tener toda la información posible de una historia que me ha llegado, da igual el orden. Así que cuando hace poco tuve oportunidad de leerme por fín “Déjame entrar” de John Ajvide Lindqvist no lo dudé ni un segundo.

La primera novela de este genial escritor al que ya he catalogado como el Stephen King sueco, es una pequeña joya. La trama, como todos sabeis, se centra en la relación que nace entre Oskar, un niño solitario que sufre abusos y maltratos por parte de varios matones de su clase y Eli, una niña vampiro que necesita que la protejan para sobrevivir a pesar de sus extraordinarios poderes.

Esta vez las diferencias Libro-Película son pequeñas pero muy importantes. La que más me ha llamado la atención es que en la novela de Lindqvist, Eli es un chico que hace como 200 años fue castrado por su tribu de bárbaros o algo parecido (sólo conocemos esa parte por dos fugaces conexiones mentales que tiene con Oskar). De todos modos parece que escoge ser una chica y vivir como tal. Otra trama que es bastante más escabrosa que la que se muestra en la película es la del cuidador de Eli, un ex-profesor alcohólico y pederasta que ha llegado a abusar de varios niños y que la quería más con fines sexuales que otra cosa. Nada que ver con esa relación idílica en la que ambos se conocían desde siempre y él se había enamorado de ella siendo un niño.

Me ha gustado mucho el desarrollo de las tres o cuatro tramas principales, que acaban confluyendo en algún punto de la historia. Lo malo es que la historia de Oskar y Eli es tan sugerente y entretenida que me hubiera gustado que salieran mucho más a menudo, como en las adaptaciones a la gran pantalla (algo parecido me pasaba en “Descansa en paz”, de nuevo con historias paralelas). Eso sí, la transformación de la mujer atacada por Eli está explicada tan extraordinariamente bien que merece la pena haberse leído el libro aunque sólo sea por esa parte.

Lindqvist describe el frío y los paisajes helados como nadie que haya leído antes. Es impresionante cómo consigue plasmar las sensaciones en la novela y está claro que ayuda a hacer aún más siniestra una historia que ya de por sí tiene grandes dosis de oscuridad y tristeza.

El estilo es de nuevo muy directo y ameno, sin demasiadas palabras complicadas y con pocas descripciones, sólo lo justo y necesario para que el lector se sitúe. Casi todo es acción tras acción y diálogos sin apenas acotaciones.

Conclusión: Por ahora John Ajvide Lindqvist se ha hecho un pequeño hueco en mi lista de autores favoritos aunque sólo tenga dos novelas. Por cierto, no sé a que esperan en España para traducir las demás (ha publicado una cada año desde 2004 a 2009). “Déjame entrar” que es el tema que nos ocupa ahora, es realmente entretenida e interesante, tanto para los fans de la literatura de terror como para los que sólo busquen pasar el rato con una buena novela y una taza de café caliente (que no viene mal entre tanta nieve que tiene el relato). Una buena muestra de cómo se pueden contar historias que no suenen a algo escrito con anterioridad o que tienen un punto de vista distinto y original.