Crítica: Shrek Felices para siempre

 

Después de que “Shrek Tercero” acabara recaudando cerca de 800 millones de dólares en todo el mundo estaba claro que habría una nueva entrega. No obstante Dreamworks debía ser consciente de que la tercera entrega de Shrek es una de las películas peor valoradas de los últimos años (aún no he oído ni leído ningún comentario positivo sobre ella) y parece que se ha empeñado en hacerle a la saga un lavado de cara para recaudar unos cuantos millones más y que la gente no recuerde algo tan chapucero cuando empiecen la promoción de “El gato con botas”, el primer Spin off del cine de animación.

Tener como antecedente una película tan terroríficamente mala puede llegar a ser una ventaja ya que vas al cine sin ningún tipo de expectativa. Y es que, al final, esta nueva entrega de Shrek es bastante mejor de lo que cabría esperar.

La trama es muy simple pero consigue mantener el interés y los guiños a la primera parte se agradecen y ayudan a que en cierto modo se cierre el círculo de la historia. ¿Qué hubiera pasado si Shrek nunca hubiera existido? Esa es la pregunta que mueve los hilos argumentales. Queda cierto regusto a moraleja estilo “Cuento de Navidad”, es decir, protagonista que no valora su vida se da cuenta mediante un cambio de perspectiva todo lo que ha perdido y comienza a valorarlo más que antes.

Respecto a los personajes decir que es una alegría que Arturo no aparezca y las nuevas incorporaciones no son para tirar cohetes pero cumplen su función (tanto los malos como los buenos) ya que desaparecen en cuanto el contrato mágico de Rumpelstiltskin se rompe. Lo interesante es ver una versión diferente de los protagonistas de las entregas anteriores entre los que destaca una Fiona con aspecto fiero que ha tenido que escapar ella sóla de su encierro en la torre del dragón y por lo tanto no cree en el amor verdadero. Es una pena que después vuelva a ser la madre sosa en la que se convirtió después de la primera…

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